Publicado en 01 de septiembre de 2016

Una mirada distinta propone el historiador de arte Rolando Báez. A partir del estudio de la serie de pinturas de Alejandro Farnesio, plantea la idea de que los pintores de la época de La Colonia también narraban en imágenes. Un "cómic del siglo XVII", que hoy le sirve de inspiración para una investigación, un taller de historietas y una exposición.

"Somos una cultura tan visual como la Colonia", advierte Rolando Báez, con absoluto conocimiento de causa. Es que, de pequeño, leía muchos cómics. Más que libros, dice, lo suyo era la atracción por las imágenes.

No es raro, entonces, que hoy sea un destacado historiador del a rte de la Universidad de Chile y curador del Museo Histórico Nacional (MHN), especialista en cultura visual colonial; sin embargo, sí es algo extraordinario que ese amor por las historietas siga tan presente que incluso esté marcando las pautas de un nuevo proyecto: una investigación curatorial sobre la serie de las glorias de Alejandro Farnesio.

Ilustración de Marcela Trujillo.
Ilustración de Marcela Trujillo.
"En Farnesio, veo cómics del siglo XVII. Claro, mis colegas van a decir que eso es un sacrilegio y no quiero decir que en esos años se hiciera cómics, sino que la estructura de narración es muy similar", advierte Báez.

Se trata de pintura cuzqueña que retrata las hazañas bélicas de este militar, emparentado con los reyes de España. Las obras son objeto de estudio de Báez y de la asistente Carolina Aravena gracias a un Fondo de Apoyo a la Investigación Patrimonial (Faip).

También sirvieron de inspiración para que este historiador impartiera talleres de cómics en el Museo Histórico Nacional, junto a la destacada artista visual Marcela "Maliki" Trujillo.

Por si fuera poco, con el apoyo del MHN está liderando una muestra sobre esta serie pictórica en la Universidad de San Sebastián , para octubre. "¡Sincronías!", declara entre risas porque, claro, cree en la magia, pero también porque le apasionan estas obras tan cercanas a los códigos actuales de la historieta.

-¿Desde qué edad te acercaste al cómics?

-¡De chico! Uno que es nerd… ¡toda mi vida leí cómics! (risas), entonces, cuando ya de grande vi imágenes religiosas coloniales recordé de inmediato la narrativa del cómic, pero claro, en el caso religioso es mestizo, kitsch, neobarroco.

-¿Cuándo descubriste esa veta visual en la serie de Alejandro Farnesio?

-Desde que era estudiante me atraía esa cultura visual colonial. Ver los fanales, por ejemplo, esas cúpulas de cristales con imágenes religiosas, me llevan de inmediato a una imagen de Kandor, la ciudad de Kripton, de Superman. Se supone que Kandor está dentro de una cúpula de cristal, entonces, recuerdo que cuando vi por primera vez los fanales, en vez de pensar en el sentido religioso, pensé en el cómic.

Valorar la imagen

Alejandro Farnesio pasó a la historia por ser nieto de Carlos V, sobrino de Felipe II y duque de Parma. Como militar, fue encomendado a pacificar a los pueblos protestantes de Flandes que pertenecían al imperio español. Farnesio, explica Báez, es un héroe de la religiosidad católica y de la idea imperial.

"Uno puede preguntarse qué nos importa Flandes; sin embargo, hay que pensar que, en esos años, estábamos en la órbita de un imperio y Perú pertenece tanto al imperio como Flandes.

Aquí entra otro concepto importante y es el de mundialización. Tendemos a pensar que la globalización es algo único de esta época; sin embargo, también existía -sin la tecnología- en ese imperio que abarcaba a todo el mundo".

La serie que motivó la investigación de Rolando Báez, corresponde a nueve pinturas del MHN, de mediano formato, que se dice fueron descubiertas por Benjamín Vicuña Mackenna en 1872.

"Es una colección conocida. Se ha investigado; sin embargo, el sentido de este trabajo es aplicar una perspectiva de lectura a esos materiales ya estudiados, partiendo de la base que, hasta el siglo XIX, las imágenes pictóricas en América son una pedagogía, es decir, se usan para enseñar".

Ilustración de Marcela Trujillo.
Ilustración de Marcela Trujillo.
-¿Se sabe del autor?

-No, porque la pintura andina siempre ha sido anónima. Estas pinturas no son obras de arte pues no están hechas para ser contempladas ni tienen un creador. Por cierto que esto no les resta mérito. Hay que entender que las imágenes valen por ser imágenes. En general, se decía que la pintura colonial estaba mal hecha, que era fea, que no tenía perspectiva ni proporción y, por lo mismo, creo que hay que superar esos conceptos y situarnos en el campo de las imágenes.

-¿Son todas imágenes bélicas?

-Son nueve cuadros y solo uno no es bélico. Es la genealogía real y Alejandro Farnesio figura con relación a sus parientes. Es curioso, porque es una pintura que queda un poco afuera. Me gustan las analogías y esta tiene que ver con la carta del loco, en el tarot.

-¿Por qué?

-Porque puedes ponerla en cualquier lado. La carta del loco es la que no tiene número. Y esta pintura de la genealogía no obedece a un relato cronológico, como sí lo hace la serie bélica donde todas las partes constituyen un todo. Hay una narrativa interesante.

Cada cuadro tiene un texto que explica una batalla y hay letras, encima de la pintura, que sirven para vincular al personaje con la historia. Es una pedagogía visual que también se da mucho en la pintura religiosa, pues la imagen era un instrumento de evangelización. En esta serie de Farnesio hay historia, imagen, tiempo y texto. ¿A qué suena todo esto?

-A libros y a películas.

-¡A cómic! Claro, no es que la serie de Farnesio sea eso, pero tiene la misma estructura de narración. Por eso quise hacer estos talleres de cómics, inspirados en la serie de Farnesio, con Marcela Trujillo. Ella hizo la parte del taller de ilustración, dirigido a jóvenes, mientras que yo les mostré fotos de Arturo Prat, Luke Skywalker, Bernardo O'Higgins, Superman.

Héroes como Alejandro Farnesio que tienen un mismo relato: son seres que deben irse de su pueblo para luchar, les va mal, pero luego logran vencer los obstáculos. Mi "volada" finalmente es que, visualmente hablando, la cultura contemporánea es muy cercana a la cultura colonial. Se tienden a ver los museos como algo lejano y ajeno, pero es distinto cuando dices: "Oye, en el mundo colonial también se narraba con imágenes". Somos una cultura tan visual como lo fueron ellos.

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