Una cocina, una antigua sala de bomberos y un "container" tienen algo en común: los tres están convertidos en bibliotecas al interior de recintos penitenciarios. Nada mal, si pensamos que el objetivo final es fomentar la lectura.

"Hay que estar ahí porque los internos lo necesitan", advierte Víctor Altamirano, bibliotecario del Plan de Intervención en Recintos Penitenciarios. Tanto es así, que el propio director de Gendarmería, Jaime Rojas, resume la experiencia en pocas palabras:

"Para los internos tener un libro es un gran hallazgo. Las bibliotecas han tenido una gran acogida. Hemos recorrido los lugares y hemos visto leer a los internos con entusiasmo, alegría y particularmente con emoción".

Convencidos de la necesidad real de "estar ahí", en 2012 Dibam y Gendarmería pusieron en marcha el Plan de Intervención en Recintos Penitenciarios, incorporando laboratorios de alfabetización digital, algo que se hacía aisladamente desde 2004.

En 2015, el Plan de Fomento Lector contaba con bibliotecas en 15 recintos penitenciarios. A ellas se sumaron 18 este año y múltiples talleres:

  • Fomento lector
  • Clubes de lectura
  • Creación literaria
  • Escritura biográfica
  • Difusión
  • Conversatorios de temas de interés masivo, como moda, deporte o comida.

El objetivo es motivar la lectura, incluso entre quienes no se interesan mayormente por tomar un libro.

Hoy existen 80 laboratorios en 68 recintos penitenciarios a escala nacional y se espera que al finalizar el año estén operativas 33 bibliotecas, querepresentan un 35% de la población penal del país, explica Alberto Gil, coordinador nacional del Programa BiblioRedes.

Y el Programa BiblioRedes busca llegar a cerca de 48 mil personas, la suma total de quienes hoy están privados de libertad en cárceles públicas y privadas.

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El presupuesto anual del programa asciende a 193 millones, que se utilizan para habilitar espacios, comprar materiales y libros, ocuparse del equipamiento, capacitación y organizar actividades vinculadas a la lectura.

Antes existían proyectos aislados de bibliotecas, y solo desde el año pasado se hizo un plan dirigido a la cárcel, seleccionando libros para ese público objetivo, con criterios de pertenencia local, zonas geográficas, género y oficios.

La actitud de los internos frente a estas bibliotecas suma puntos positivos. Según el director de Gendarmería, para ellos la biblioteca es un lugar de esparcimiento y tranquilidad donde se comparten experiencias, participan en actividades culturales y acceden a conocimientos diversos. "Es un espacio valorado, respetado y cuidado por todo lo que ello implica para los reclusos, como para proyectar su eventual salida".

Los internos Jorge González y Alberto Torazzi lo expresan. Desde la cárcel de San Felipe, éste último relata que es lector desde niño, amante de las novelas, los libros de historias y los atlas. Asegura que estar a cargo de la biblioteca es una gran satisfacción personal y agradece la oportunidad a Dibam, no solo porque adora leer, sino porque siente que es un trabajo que sirve para integrar a sus compañeros en este mundo del saber.

"Estaré eternamente agradecido, ya que me han dado la posibilidad de mejorar el estado de muchas personas e integrarlas al conocimiento básico de las cosas; a esa ruta interminable que es el aprendizaje. Es muy satisfactorio saber que, al ayudar a alguien, también mejora su entorno familiar, se convierten en mejores padres, hermanos, esposos e hijos y eso, desde mi punto de vista, no tiene precio", reflexiona Torazzi.

El interno bibliotecario de la cárcel de Los Andes Jorge González, fue pionero en esta iniciativa: junto a uno de sus compañeros armaron una biblioteca con muchos libros y revistas casi en desuso, que luego donaron a un hogar de menores para que los usaran en tareas y recortes.

"Nuestra principal motivación fue la necesidad de aprender y conocer temar sociales y culturales, para no quedar en el pasado con tecnología y lenguaje", admite. Para él, lejos, el mayor beneficio es poder meterse "en otros mundos", sentirse ocupado y aprender", recuerda González.

"¡Esto no es poesía!"

En un pasillo ubicado al lado del liceo se encuentra la biblioteca de la cárcel de Bulnes. Diariamente circulan unas 100 personas por ahí y, pese al movimiento y el tránsito, los ejemplares siempre permanecen intactos y bien cuidados.

Es parte del clima de confianza que han generado los gendarmes a cargo, Jocelyn Rivas y Christian Peñailillo. Este último lleva 12 años trabajando en el recinto y asegura que disfruta mucho la tarea de estar a cargo de la lectura.

La biblioteca no tiene puertas ni vitrinas; está ahí, para el que quiera hojear o leer un libro. Es una invitación abierta a leer, dice Peñailillo.

Y no solo para la población del recinto penal, sino también para colegios y jardines infantiles de la ciudad, a quienes llegan a través de una caja viajera de libros que circula como punto de préstamo asociado a la biblioteca.

"Puedo estar equivocado, pero aquí los libros y revistas sirven para bajar los niveles de ansiedad y agresividad de las personas, ya que, al estar leyendo, están concentrados en otra cosa o están en otra parte con su mente, y eso es bueno. Es muy beneficioso el hecho de que la lectura ayude a desconectar un poco lo pesado de estar recluido", admite.

No se equivoca. Universidades británicas como las de Liverpool o de Sheffield han publicado investigaciones centradas en la importancia del fomento lector entre personas privadas de libertad. Hay países, como Francia, que han ido más allá en sus políticas públicas y tienen un día menos de condena por libro leído.

Es que los beneficios son muchos. Desde la experiencia de BiblioRedes, se menciona el desarrollo de la empatía; Martina Majlis, encargada de fomento lector del plan, describe a las bibliotecas como espacios llenos de creatividad que alejan a los internos de la realidad que viven día a día.

Isabel Allende figura en la lista de las más leídas.
Isabel Allende figura en la lista de las más leídas.
"Muchos estudios respaldan que los talleres de fomento lector mejora la relación entre internos y gendarmes; se ha demostrado además que la lectura ayuda a bajar los niveles de violencia y a desarrollar habilidades lingüísticas y comunicativas en un ambiente sumamente hostil como son las cárceles", añade Martina.

Al interior de Gendarmería también se reconocen los méritos de esta iniciativa. Jaime Rojas, director de esta institución, argumenta que la lectura es una herramienta de aprendizaje fundamental para ampliar la visión del mundo de los internos, incluso para comprender la situación en la que viven o las razones que los llevaron a cometer un delito.

"Con la lectura hay crecimiento personal, social y familiar, aspectos que en definitiva invitan a quien está privado de libertad a plantearse proyectos, a soñar y acercarse a la libertad desde una mirada positiva", añade.

El Plan de Fomento Lector en Recintos Penitenciarios, explica Alberto Gil, se hizo con dos premisas fundamentales: aumentar la cantidad de lectores y la frecuencia de las lecturas, entendiendo que la adquisición de hábitos lectores genera muchos beneficios para la población penal, como una mayor probabilidad de conseguir empleo, menor índice de reincidencia y de violencia.

"Esta no es una biblioteca como las públicas que tienen como fin dar acceso a la información y al conocimiento, sino que está enfocada principalmente en formar lectores. Acá tienen que haber libros que motiven la lectura, de manera que las personas puedan avanzar en comprensión lectora", aclara.

A su juicio, la reinserción está condicionada por una serie de variables exógenas; sin embargo, las probabilidades de reincidencia sí tienen que ver con los hábitos que adquieren las personas, pues a través de los libros se pueden desarrollar habilidades y comprensión del entorno que permitan entender mejor dónde y cómo se mueven.

"¡Esto no es poesía! Es política pública y está pensada con un objetivo claro que supone un cambio de paradigma respecto de lo que significa la experiencia de estar privado de libertad", enfatiza Gil.

La calle

Cada cárcel es siempre un modelo independiente y BiblioRedes ha tenido que adaptarse a cada recinto. La idea es que estos espacios funcionen de manera óptima. De ahí la importancia de ocuparse hasta de los más mínimos detalles.

Gloria Gutiérrez, administradora del Plan de Intervención, aplaude a algunas empresas que han aportado con productos como café y galletas, que contribuyen a darle calidez al ambiente. Por algo, de a poco, añade Víctor Altamirano, la biblioteca se ha ganado un lugar especial en las cárceles.

El coordinador del Plan de Intervención Miguel Rivera comenzó con este proyecto y ha visto su evolución desde 2011, cuando todo era solo una idea. Él comenta que "en un principio, teníamos que abrirnos camino a machete, puesto que el servicio y las propuestas que llevábamos no estaban en el imaginario de internos y gendarmes, como algo que pudiese tener beneficios reales.

Es impresionante cómo en el transcurso de pocos años ha cambiado la visión y hemos ganado un espacio privilegiado:

La biblioteca pasó a ser calle. En la cárcel, se le llama 'calle' a todo aquello que saca a los internos de su rutina habitual. Y eso, además de halagarnos, lo hemos asumido como un lema", dice Rivera.

Alberto Torazzi va más allá y habla de superación, ya que la biblioteca ha permitido que muchos de sus compañeros se hayan animado a leer, pues saben que así lograrán entender mejor su contexto. "Inclusive hay algunos que comparten los libros con su entorno familiar. Es muy gratificante vivir ese cambio en estos muchachos que tuvieron como un gran enemigo a la ignorancia y hoy, a pesar de que están comenzando esta nueva etapa, ya se sienten capaces de lograr muchas más cosas", admite el interno de la cárcel de San Felipe.

En Gendarmería esperan que esta iniciativa se masifique, pues tienen claro que la lectura permite una mejor comprensión del entorno y, por lo mismo, abre nuevas puertas. El proyecto busca que la biblioteca sea el mejor espacio de la cárcel y eso se está logrando.

A largo plazo, incluso se piensa en que Dibam también haga uso de estos espacios y los enriquezca con exposiciones itinerantes de algunos museos. La calle con libros y con arte.


Los más leídos

Portada de revista Condorito.
Portada de revista Condorito.

Condorito, libros de Isabel Allende, Dan Brown y Jorge Baradit encabezan la lista de los más leídos dentro del ranking penitenciario. Desde enero hasta agosto de este año, se registraron más de ocho mil préstamos al interior de las 15 unidades implementadas en 2015.

Cada recinto penitenciario cuenta con una colección base de 220 títulos, además de otros escogidos de acuerdo con la ubicación geográfica, oficios y gustos de los internos.

La cantidad de libros dependerá del tamaño de la cárcel. Las bibliotecas más grandes son las más antiguas y están en Santiago, en Colina 1 y en la cárcel de mujeres de San Joaquín.

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