Publicado en 01 de septiembre de 2016

Brilla el sol sobre el mar de Iquique. Es abril de 2010 y un grupo de buzos se prepara para llegar hasta la Esmeralda. La misión es la siguiente: bajar a 42 metros de profundidad, buscar los restos de un esqueleto y traerlo a la superficie para que la Armada pueda rendirle honores.

Diego Carabias es parte del equipo. No es sencillo descender tanto, confiesa, porque no solo las corrientes marinas y la contaminación dificultan el trabajo, sino porque no existe claridad alguna de dónde está ubicado el cráneo que deben rescatar.

Cráneo que yace con los restos de la Esmeralda
Cráneo que yace con los restos de la Esmeralda
"Hay una presión enorme porque arriba están esperando todos los marinos de la base naval de Iquique, vistiendo su tenida de gala, listos para rendir los honores. Y el esqueleto que debemos rescatar fue movido para evitar que lo robaran, entonces, cuesta encontrarlo en este barco que, para hacerse una idea, es tan complejo como puede serlo un pequeño edificio", relata este arqueólogo marítimo, investigador de Arqmar, Centro de investigación en arqueología marítima del Pacífico Sur Oriental.

Pocos saben esto, pero la Esmeralda está lejos de ser el único navío sepultado bajo el agua, que todavía conserva parte de su equipamiento y de su historia más íntima. Sucede que Chile, con sus 4.200 kilómetros de costa continental, está literalmente lleno de buques, artefactos, restos humanos y sitios arqueológicos que son parte del llamado Patrimonio Cultural Subacuático, que en afortunadas ocasiones se logra descubrir, investigar y poner en valor. Como este caso.

"Revisamos La Esmeralda completa y cuando ingresamos por segunda vez al mar, logramos encontrar los restos del esqueleto. Salimos muy cansados. Yo desembarqué con el cráneo, siguiendo el protocolo naval. Silencio sepulcral hasta que empiezan a sonar los silbatos de los contramaestres. Puedes tener onda o no con los marinos, pero eso hace que a cualquiera se le ericen los pelos", recuerda Diego Carabias.

Ni tesoros ni cápsulas del tiempo

Hablar de naufragios antiguos puede ser tan fascinante como mirar las estrellas con un gran telescopio. Pero hay que desmitificar algunos hechos, no solo porque los hallazgos requieren de un riguroso trabajo de investigación y conservación, sino también porque Unesco, en el afán de proteger estos escenarios, definió lo que es hoy considerado Patrimonio Cultural Subacuático.

En la Convención de 2001, determinó que eran "todos los rastros de existencia humana que tengan un carácter cultural, histórico o arqueológico, que hayan estado bajo el agua, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años" y, por lo tanto, se incluye a sitios, estructuras, edificios, objetos y restos humanos, además de buques, aeronaves, otros medios de trasporte, cargamento y objetos del período prehistórico.

Espada encontrada en el Infatigable
Espada encontrada en el Infatigable
Sugieren también evitar el término de "tesoro". La tentación es grande. Partir y describir el escenario azuloso oscuro con los restos de una embarcación que todavía guarda loza inglesa o un baúl lleno de brillantes joyas. En honor a la verdad, puede que exista este tipo de hallazgos, pero Unesco hace la distinción entre tesoro y patrimonio justamente para darle el real valor a esos trozos de historia sumergidos bajo el agua. El término "tesoro", aclara Loredana Rosso, directora del Museo de Historia Natural de Valparaíso, puede llamar a la venta de estos bienes y un tesoro no necesariamente es patrimonio.

Miguel Chapanoff, antropólogo de la Universidad Austral de Chile, Magíster en Arqueología de la Universidad de Chile, especializado en el patrimonio subacuático, añade que la palabra tesoro puede mal entenderse y ser interpretada como un objeto que no solo puedo apropiármelo si lo encuentro, sino que, además, puedo comercializarlo.

"Nos remite a la imagen de un cofre lleno de monedas de plata y oro. Asociados a galeones sumergidos como en la película de la Sirenita. El énfasis del término no está puesto el valor en el sentido histórico, estético o patrimonial, sino en su valor de cambio", agrega Chapanoff.

Desmitificar el patrimonio submarino también obliga a sacar una cuota de romanticismo en este relato. El cine y los libros han estereotipado a los naufragios, recreando espacios similares a las cápsulas del tiempo, pero, en honor a la verdad, al hablar de éste en Chile, se incluyen no solo a las antiguas embarcaciones, sino también a escenarios que un día estuvieron en tierra firme y fueron poblados por milodones, caballos americanos y grandes guanacos.

"No, no es como la película Titanic. O sea, hay casos como el de esta embarcación, pero incluso allá se han encontrado restos de basura moderna. Entonces, hay que quitarle un poco el romanticismo, porque detrás de la arqueología marina hay un trabajo científico muy riguroso a fin de evitar cometer errores de interpretación", aclara Carabias.

Conocer los naufragios

Se estima que en Chile hay unos 2000 naufragios, repartidos de norte a sur; sin embargo, no se ha hecho un inventario actual de todos los sitios sepultados bajo el agua. Según Diego Carabias, esta es una tarea pendiente pues intuye que la cifra podría ser superior si se considera que solo en Valparaíso se han individualizado cerca de 300.

Pero no es solo eso. Las características históricas y geográficas que tenemos como país hacen pensar que contamos con una cantidad considerable de Patrimonio Cultural Subacuático. Por un lado, el Estrecho de Magallanes fue ruta obligada de muchas embarcaciones que quedaron sepultadas debajo del mar, pero también se sabe que, producto de transgresiones marinas y de movimientos tectónicos, muchos asentamientos prehispánicos quedaron ocultos bajo el agua.

"Tenemos una cantidad de naufragios increíble, y una costa especial, las condiciones de frío también ayudan a conservar los restos, entonces, somos un país privilegiado", admite Joaquín Vega, arqueólogo del Consejo de Monumentos, especializado en arqueología subacuática y de impacto ambiental.

Al igual que Diego Carabias, Joaquín Vega también comenzó cerca de los 14 años a bucear. Como arqueólogos marinos, ambos coinciden al señalar que el Patrimonio Cultural Subacuático es fundamental para entender los procesos sociales y los distintos períodos de la historia.

"Te da la capacidad de saber de dónde venimos, de saber cómo vivía antes la gente y ayuda para no cometer los mismos errores", añade Vega, en tanto que Carabias cree que el Patrimonio Cultural Subacuático tiene que ver con formularse preguntas y con poder acceder a una fuente de información primaria sobre el pasado, que puede ser complementaria o abiertamente contradictoria con la información que existe en los documentos escritos.

Si bucear puede ser una experiencia fascinante, dicen, más lo es el hecho de descender y encontrarse con algo que lleva más de 500 años. Es realmente emocionante, admite Vega, saber que eso se hundió y todavía permanece ahí para verlo y estudiarlo. "Claro, no todo el mundo bucea, entonces, también uno tiene la responsabilidad de traspasar esa información".

Restos de naufragio en las costas chilenas
Restos de naufragio en las costas chilenas
Traspasar la información implica varias tareas que van desde decidir si es oportuno o no extraer una pieza desde el fondo del mar y, de ser así, someterla a un riguroso proceso de conservación a fin de evitar que el contacto con el oxígeno acelere los procesos de oxidación del objeto y termine por destruirse.

De igual modo, la responsabilidad por traspasar la información obliga a la investigación de las piezas extraídas del mar para que eventualmente puedan ser exhibidas en algún museo. Esto último, de vital importancia.

Considerando que son pocos los chilenos que bucean, se estima que una buena manera de acercar a la población al Patrimonio Cultural Subacuático es mediante exposiciones de objetos sacados del mar y que han sido sometidos a procesos de conservación.

Recientemente el Museo de Historia Natural de Valparaíso hizo una muestra con colecciones de distintos naufragios, destacando piezas del Infatigable (1855) y del Muelle Fiscal del Puerto de Valparaíso (1884-1912).

En cuatro meses convocó a un total de 85 mil visitantes, lo cual es señal clara del interés que despiertan los naufragios en las personas.

Según Loredana Rosso, la exposición fue un éxito pues reunió piezas de gran nivel y tan disímiles como juegos de loza, vainas de guerra, objetos religiosos y elementos de higiene, entre otros.

A juicio de Diego Carabias, quien colaboró con esta muestra, la exhibición en museos es una forma efectiva de sensibilizar a la población y de lograr que la gente se 'apropie' de este patrimonio. Miguel Chapanoff, por su lado, también considera que los museos y la Armada juegan un rol fundamental a la hora de educar a los chilenos.

Para Chapanoff es importante que exista una institución estatal que se preocupe de generar o proponer políticas, desarrollar estudios y administrar un sistema de información relativo al Patrimonio Cultural Subacuático, considerando que se trata de un ámbito especializado.

"Ello, sin desconocer la labor realizada, por ejemplo, por el Consejo de Monumentos Nacionales o el Centro Nacional de Conservación y Restauración en casos específicos; organismos que tienen otras atribuciones y misión con relación al Patrimonio Cultural Subacuático y con los cuales debiese de manera estrecha vincularse una institucionalidad especializada".

Los más notables

Frascos y otros utensilios provenientes de naufragios
Frascos y otros utensilios provenientes de naufragios
Es invierno en Quintero, época considerada buena por los buzos para internarse en el mar porque hay poco movimiento de agua y, por lo tanto, mejor visibilidad. Ahí está Joaquín Vega poniéndose su traje bajo un sol luminoso.

"Me sumerjo y no veo ni mi brazo estirado. Llegamos a 10 metros de profundidad y es raro, se siente estrés, porque generalmente uno siempre puede ver y acá no. Entonces, hay que estar pendiente del naufragio que vamos a buscar, pero también de no chocar contra una roca. Esto claramente no es el Caribe", reproduce Vega.

No es el Caribe, pero sí es una zona que él, como arqueólogo marino, destaca pues está dando que hablar a nivel científico: a casi 700 metros de distancia de la costa y a 13 metros de profundidad, está GNL Quintero 1, el primer sitio temprano de América Latina que se ha encontrado sumergido.

Una preciosura. A saber: un conjunto de fauna continental de grandes animales completamente extintos, como paleolamas (grandes guanacos), grandes siervos, cánidos (especies de zorros), caballos americanos y milodones.

Más de seis mil huesos recuperados, todos del período finipleistoceno, correspondientes al final de la era del hielo, cuando los niveles del mar eran más bajos y había enormes extensiones de tierra emergida que hoy están completamente bajo agua.

Vajilla rescatada de un naufragio
Vajilla rescatada de un naufragio
"El sitio tiene un nivel de resolución muy alto, está muy bien conservado", advierte Diego Carabias, quien ha trabajado en esta investigación, en conjunto con Arqmar y Arka. Paralelamente se comunican con gente que investiga escenarios similares en Japón y en países de Europa, pues se ha ido generando conciencia de que las ocupaciones humanas más tempranas se encontrarían justamente debajo del agua.

"Este es un sitio tan excepcional que hemos trabajado de manera muy prolija pensando que pueda haber alguna evidencia arqueológica de actividad humana. Se han encontrado dos huellas de corte, en milodón, que son concluyentes, desde el punto de vista formal, que fueron hechas con herramienta de trabajo. Ahora, somos cautos. Todavía no se puede determinar la presencia de actividad humana, pero no la descartamos", confiesa Carabias.

El azar y las inspecciones de fondo requeridas por empresas que necesitan dragar son las principales razones de por qué hoy en Chile se encuentra y se investiga el patrimonio marino.

Gracias a estos dos elementos, se dio con GNL Quintero 1 y con el Infatigable, buque mercante estadounidense que fue comprado, en 1855, durante el gobierno de Manuel Montt, con el fin de que abastecer a Punta Arenas, además de servir de transporte a colonos alemanes desde Corral hasta Puerto Montt. Viajaba a toda velocidad, a vela, por el Estrecho de Magallanes, dos veces al año, hasta que un día explotó y se hundió.

"Lo encontramos en 2005, se sondeó por primera vez en 2006 y en 2009 hicimos una excavación sistemática. Recién en 2011, analizando el material recuperado, logramos identificar que se trataba del Infatigable", señala Diego Carabias.

Esta labor sistemática lo ha convertido en el sitio de naufragio del que más se sabe y probablemente del que más se tiene, pues se ha generado una colección grande y significativa de artefactos encontrados. Los materiales hablan de la gente que vivió ahí, cómo vestían, cómo comían, sus hábitos, condiciones de salud, de trabajo e incluso mentalidades y de construcción de identidades.

Ejemplos de esto son los botones que revelan una fuerte influencia de la cultura inglesa, pero también de la napoleónica; loza británica que denota un marcador de estatus, como si para los tripulantes fuera importante comer en la misma vajilla que usaban en la Royal Navy; jeringas usadas para combatir enfermedades venéreas.

"Al final, es como una historia B de una Armada que solo se le conoce el relato oficial. Esto está lejos de la epopeya y lo decimonónico", añade Carabias.

La Esmeralda también destaca por ser un naufragio notable, aunque lamentablemente se encuentra bastante deteriorada. Desde el punto de vista de Diego Carabias, se le han hecho intervenciones poco cuidadosas, sin contar con los saqueos.

Es preocupante, reconoce, la cantidad de material que ha desaparecido desde esta embarcación. Para este experto, sin embargo, fue un gran experiencia haber podido hacer una inspección subacuática en este histórico escenario.

"Cada uno de los sitios tiene aristas que son sensibles para uno. Creo que es fuerte tener que desenvolverse profesionalmente en la corbeta Esmeralda, cuando eres chileno y has crecido dibujando a Prat y tu hijo también, pero más allá de que es un trabajo profesional, cuando hay tumbas de guerra, lugares relevantes para tanta gente, siempre hay una sensibilidad especial".

Evitar los saqueos

Hoy parte del Patrimonio Cultural Subacuático chileno corre peligro de desaparecer a causa de operaciones de fondeo y anclaje de embarcaciones que pasan a llevar sitios de naufragios o bien, por el constante saqueo.

Cristalería expuesta en el Museo de Historia Natural de Valparaíso
Cristalería expuesta en el Museo de Historia Natural de Valparaíso
Es un hecho, aclara Miguel Chapanoff, que ha aumentado la cantidad de robos, algunos menores, por parte de gente que practica el buceo deportivo -que gustan de los "souvenirs"- y otros saqueos mayores, por parte de empresas que derechamente buscan la explotación comercial del PCS.

Según Loredana Rosso, en Chile hay tanto desconocimiento que todavía hay gente que cree que si encuentra algo bajo el mar puede ser suyo y, así, se lo apropia o lo vende, sin saber que esto es delito y, por cierto, sin llegar a valorar el propio patrimonio.

En la actualidad, existe un trabajo en conjunto para proteger el Patrimonio Cultural Subacuático, entre la PDI (Bidema), el Consejo de Monumentos, la Armada, y eventualmente Carabineros que también apoya con tareas de resguardo.

Como todavía está muy internalizada la idea del "tesoro", entidades como Arqmar, Consejo de Monumentos y la Armada hacen el llamado a no comprar nada que provenga de naufragios.

Y en caso de estar buceando y hacer un hallazgo, registrar la ubicación, no alterar el sitio, realizar registro fotográfico y tomar a la brevedad contacto con las autoridades correspondientes.


Paul Maxwell: sumergidos en regulaciones ¿mala visibilidad y poca luz?

El tratamiento del Patrimonio Cultural Subacuático se encuentra regulado internacionalmente en algunos casos de manera más general, como en la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar de 1982, y otras veces de manera más específica, como en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de 2001.

En Chile, la Ley de Monumentos Nacionales (Nº 17.288) incluye a los monumentos arqueológicos y a los monumentos históricos dentro de la categoría de "monumentos nacionales".

Lamentablemente, dicha ley no define lo que debe entenderse por "monumento arqueológico", y solo se limita a establecer que son de propiedad del Estado.

Por "monumento histórico" debe entenderse los lugares, ruinas, construcciones y objetos de propiedad fiscal, municipal o particular que por su calidad e interés histórico o artístico o por su antigüedad, sean declarados tales por decreto supremo, dictado a solicitud y previo acuerdo del Consejo.

Por su parte, el Reglamento sobre Excavaciones y/o Prospecciones Arqueológicas, Antropológicas y Paleontológicas (DS 484), le entrega al Estado la propiedad sobre los objetos o especies procedentes de excavaciones y/o prospecciones arqueológicas, antropológicas o paleontológicas, además de determinar las condiciones de los permisos para excavar y hacer prospecciones arqueológicas, antropológicas y paleontológicas, además de la forma cómo se distribuirán los objetos y especies obtenidas.

La norma chilena más especializada es el Decreto Supremo 311 de 1999 del Ministerio de Educación, que declara "monumento histórico" al Patrimonio Cultural Subacuático que cumpla con ciertas exigencias, norma que busca aplicarse a todos aquellos bienes y sitios del patrimonio histórico subacuático que tengan una antigüedad superior a 50 años, en consideración a las recomendaciones internacionales de la UNESCO y la Carta de Sofía sobre la protección y gestión del patrimonio cultural subacuático.

Al revisar el prefacio de dicho decreto, llama la atención la importancia que se le da al PCS, lo que contrasta con lo poco que en la práctica se ha protegido, pues reconoce que "nuestro país posee un patrimonio histórico subacuático de gran relevancia, debido a lo extenso de sus costas y mares, lagos y ríos, en los cuales gran cantidad de naves, embarcaciones menores, aeronaves y otros artefactos han naufragado o que por diversas causas se encuentran bajo el agua o enterrados en playas y riberas, cuya protección es responsabilidad del Estado de Chile".

Piezas rescatadas de navíos hundidos
Piezas rescatadas de navíos hundidos
Un motivo de críticas resulta el contraste que existe entre los resultados de las excavaciones cuando son efectuadas por personas o entidades nacionales y cuando las efectúan misiones científicas extranjeras.

En el primer caso, los objetos encontrados serán distribuidos por el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), y si son particulares, estos deberán entregar a su costo la totalidad del material extraído o encontrado al CMN, sin perjuicio de las facilidades que obtuvieran para el estudio de dicho material en la forma que lo determine el Reglamento.

Sin embargo, tratándose de material obtenido en excavaciones o hallazgos realizados por misiones científicas extranjeras autorizadas por el Consejo, éste podrá ser cedido hasta en un 25% a dichas misiones, reservándose el CMN el derecho a la primera selección y efectuando su distribución según lo determine el Reglamento.

Al respecto, no se señalan en la ley cuáles son las razones para discriminar a favor de las misiones científicas extranjeras en desmedro de alguna misión encabezada por chilenos.

En otras legislaciones, como la Noruega, así como existe la obligación de informar cualquier hallazgo de algún resto náufrago, sitio u objeto protegido por ley, existe también la posibilidad de recibir una recompensa si el objeto encontrado reviste valor cultural o histórico, y no se ha dañado el sitio donde fue encontrado.

Por otra parte, en Francia, del Ministerio de la Cultura depende la Dirección de Investigación de Arqueología Marina, cuya misión es hacer un inventario del Patrimonio Cultural Subacuático, estudiarlo, protegerlo y promoverlo; dar asistencia, y efectuar un control científico y técnico de los sitios arqueológicos sumergidos; contribuir a la elaboración de un mapa arqueológico nacional; hacer proposiciones de acuerdos científicos con otras naciones; entrenar buzos arqueólogos.

En Chile, la actual normativa es débil y poco innovadora. Lo anterior se suma a la ausencia de mecanismos apropiados para realizar una mejor gestión de la preservación (bases de datos, mesa interinstitucional, equipos competentes, infraestructura conservación, vigilancia de sitios especialmente relevantes, existencia de alicientes económicos a quienes informan, etc.).

Los criterios en la determinación de quiénes son los que cuentan con suficiente respaldo científico en sus proyectos como para desarrollar investigaciones, exploraciones, análisis, etc., no están sujetos a cánones claros y determinados, generando faltas de certeza.

Para avanzar en materia de Patrimonio Cultural Susbacuático, nuestro país debe crear un catastro de sitios arqueológicos sumergidos con el objeto de brindarles una protección efectiva. Paralelamente, se debe generar una discusión permanente y activa sobre Patrimonio Cultural Subacuático a través de una mesa de trabajo idónea en la que participen los actores que tienen algo que decir en esta materia.

Entre ellos, el Consejo de Monumentos Nacionales, la Armada de Chile, el Museo Marítimo Nacional, la Policía de Investigaciones, arqueólogos subacuáticos y buzos profesionales, centros de estudios, académicos, etc., y que todo esto conduzca a mayor investigación, protección, conservación, educación, formación y capacitación.

(Paul Maxwell. Abogado de la Universidad de Valparaíso. Máster en Derecho Marítimo (LL.M.) de la Universidad de Southampton, Inglaterra).

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