Publicado en 27 de diciembre de 2016

Hay lechugas, tomates, acelgas, menta, perejil y cilantro en el huerto ubicado en mitad de la plaza, que todos los vecinos riegan y disfrutan. Es sábado por la mañana y en la Villa Olímpica se preparan para celebrar la recuperación del bloque 73, antigua propiedad de la Fach que fue destruida y abandonada luego del terremoto de 2010.

Pero ese no es el único motivo de la fiesta. Los villanos, como se identifican ellos mismos, celebran además que recientemente el Consejo de Monumentos Nacionales declaró a este barrio como Zona Típica.

Junto a la Villa Frei y el barrio Lastarria de Arica son reconocidos ahora como representantes del Movimiento Moderno, que creó viviendas sociales capaces de brindar excelente calidad de vida: un tipo de arquitectura amable y única que sus habitantes aprendieron a reconocer y valorar solo después del terremoto recién mencionado.

"En general, en el Consejo de Monumentos hemos notado que hay una reacción ante la inminente pérdida. Lamentablemente, los chilenos no nos damos cuenta de cómo ha ido desapareciendo nuestra ciudad y patrimonio, y frente a eso, terminamos diciendo 'no lo voy a ver más'. Así reacciona la comunidad", advierte Ana Paz Cárdenas, arquitecta, y secretaria técnica del Consejo de Monumentos Nacionales.

Antes del 27 de febrero de 2010, la gente vivía más encerrada en sus departamentos, y después del terremoto los vecinos empezaron a movilizarse, a unirse y a trabajar juntos tal como lo hacían en la década del 60, cuando comenzaron a arreglar ellos mismos las áreas verdes de la Villa, gestionaron el colegio, la iglesia y el supermercado que en esos años pertenecía a una cooperativa.

El gran movimiento telúrico que destruyó parte de la Villa, fue también un remezón interno que los obligó a unirse para evitar la destrucción y venta de sus hogares a las constructoras, que ofrecían bajos montos por propiedades avaluadas en 25 millones.

"Fue bastante fuerte, porque los vecinos al comienzo nos dividimos y tuvimos que trabajar para recuperar nuestras viviendas, pero también el tejido social. Hasta que al final dijimos '¿vamos o no vamos a pelear?'", admite Tusy Urra, presidenta de la junta de vecinos, y activa integrante del movimiento social que logró poner en valor a la Villa Olímpica y protegerla como Monumento Nacional.

Un día después

Después del terremoto, muchos habitantes de la Villa abrieron los ojos. "Nos dimos cuenta que podíamos hacer otras cosas por el barrio, que teníamos que actuar como antes, cuando éramos todos una gran familia", confiesa Oriana Escobar, vecina de 58 años, que llegó a vivir acá cuando tenía dos años.

Su opinión también representa el sentir de la dirigente vecinal Tusy Urra, quien confiesa que antes de 2010 vivía tranquila, sin imaginar que corría peligro de perderlo todo. "Quisimos recuperar y no demoler, sacar nuestro barrio adelante y aunque sabemos que falta mucho, vamos cerrando etapas", afirma.

Cruce puente Villa Frei.
Cruce puente Villa Frei.

Fue un remezón interno del que también habla el arquitecto José Becerra, coordinador y coautor del expediente que se presentó para lograr la declaratoria de Villa Olímpica como Zona Típica. Cuenta que, junto con el empoderamiento de los vecinos, un grupo de profesionales decidió trabajar en un expediente que permitiera proteger este patrimonio moderno, entre ellos el organismo internacional Docomomo, que se preocupa de velar por el patrimonio moderno en el mundo. "Algo aportamos a ese renacer, a despertar el cariño por este lugar", añade.

Ante la inminente llegada de las constructoras, dispuestas a pagar poco por los edificios dañados, comenzaron a decirles a los villanos dónde estaban viviendo, para que entendieran que el tipo de arquitectura donde vivían no se veía solo en Chile, sino que en Latinoamérica y en Europa.

"Les decíamos que era imposible que con 20 millones de pesos lograran tener otro tipo de vivienda ubicada acá, con las características de ésta. Imposible. La gente empezó a entender que su lugar era único y que hoy las ciudades no están hechas así", explica Becerra.

El arquitecto dice que "acá hay formas más puras, bloques y líneas sin adornos, cada elemento responde a su función. No es una sumatoria de viviendas, sino que es un barrio, espacios para que la gente pueda generar una vida cívica".

Ana Paz Cárdenas, quien lideró este equipo profesional a cargo del expediente, agrega que los vecinos terminaron por dimensionar la importancia de la Villa Olímpica, entendiendo que, si la perdían, les sería difícil llegar a tener esta calidad de vida.

Estamos hablando de un conjunto de 2.600 viviendas construidas en bloques de cuatro pisos que cubren una superficie de 28 hectáreas. Todo se organiza en torno a una gran plaza, donde están los equipamientos principales, propios de la vida cívica. Eso, en términos simples, porque la Villa Olímpica es parte de un tipo de arquitectura en la cual no solo se pensaba en construir viviendas, sino también en hacer ciudad.

Vida de barrio

Comunidad con micrófono
Comunidad con micrófono
Ana Paz Cárdenas pasó su infancia en la Villa Olímpica, viviendo en el departamento que originalmente fue de propiedad de sus abuelos y que luego pasó a ser de su madre. De niña adoraba vivir acá por todo el espacio que tenía para jugar.

Cada grupo de block, explica, tenía un patio con alguna particularidad, como un barco desarmado, juegos, pasto o un pequeño bosque, en medio de las viviendas, de la plaza, del supermercado y el colegio; un pequeño pueblo. "Los niños nos desplazábamos en bicicleta adentro de la Villa. No necesitábamos salir, íbamos al supermercado y al quiosco de la esquina. Toda una vida que hoy se echa de menos", admite.

Los patios, por un lado; la comunidad, por el otro. Es que si hay algo que destaca en la Villa Olímpica es la diversidad. Hoy vive gente de las primeras generaciones, hijos de ellos, habitantes nuevos, arrendatarios (más del 50%), por lo tanto, añade Ana Paz, hay una mezcla social que enriquece y que da un sello particular.

"Acá se ven viejitos empobrecidos, gente con más recursos, mucho profesional y técnicos. Y esa diversidad hace que el vivir en este espacio sea un elemento común. Esa unión los hizo luchar por preservar su espacio. Creo que nunca se ha perdido la vida de barrio y la solidaridad entre los vecinos".

Desde el punto de vista emocional para ella es bastante importante la declaratoria de Zona Típica. Un premio a la vida de barrio porque, en este caso, el tipo de arquitectura fue justamente concebida de tal manera que se mantuvieran los lazos entre vecinos.

Desde el lado profesional, destaca ese ingenio arquitectónico que permite una relación entre blocks poco invasiva, ventilación cruzada, edificios que se vuelcan hacia los patios; "un modelo urbano de hacer ciudad que se manifiesta bien en este barrio. Villa Olímpica es un icono, en Chile, del Movimiento Moderno, porque además junta todos sus conceptos acá", añade.

Coincide con esta apreciación Miguel Lawner, arquitecto especializado en vivienda social y educacional, docente en Chile y el extranjero, director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano, durante el gobierno de Allende, y actual miembro del Consejo Nacional de Desarrollo.

La Villa Olímpica es el primer conjunto habitacional que cumple con todos los conceptos reunidos en el Movimiento Moderno: "una unidad vecinal integrada, con servicios, espacios públicos de gran riqueza espacial, y preocupada por la belleza", dice.

Los arquitectos de Villa Olímpica disfrutaron con la busqueda de soluciones que fueran hermosas, variadas. "Eso es arquitectura y urbanismo, algo que también se da en Villa Frei", añade.

Ana Paz Cárdenas precisa que la Villa Frei es un concepto arquitectónico distinto al de Villa Olímpica, y se le considera casi como una mutación del Movimiento Moderno. Se da una interacción de barrio, pero distinta.

En el caso del barrio Lastarria de Arica, se trata de un conjunto de edificios que logra dualidad de sus elementos; tiene espacios comunes y ha logrado sobrevivir a toda la vorágine de esa ciudad.

Además de estos, en Chile existen varios otros exponentes del Movimiento Moderno, razón por la cual desde hace un par de años el Consejo de Monumentos tenía la intención de proteger ciertos iconos; sin embargo, la idea solo se concretó el año pasado cuando se declaró Zona Típica a la Villa Frei y al barrio Lastarria, de Arica.

El objetivo, señala Ana Paz Cárdenas, era proteger aquellos ejemplares de la arquitectura moderna pertenecientes a la segunda mitad del siglo XX, pero también resaltar proyectos de vivienda social que formaron parte de políticas de Estado; reconocer la labor de este en el movimiento que llegó algo tardío desde Europa y Estados Unidos.

Miguel Lawner postula que la protección y la puesta en valor del patrimonio moderno chileno es un reconocimiento a un proceso originado por 2 causas:

  • Creación de la Corporación de la Vivienda, Corvi, en 1953, destinada a implementar políticas justas y progresistas
  • Reforma educacional que impuso, en 1946, planes de arquitectura que terminaban con una enseñanza académica ajena al desarrollo industrial y que añadió una dosis tecnológica, pero también económica y sociológica importantes.

Los arquitectos de la Villa Olímpica, pertenecientes a las oficinas del Taller de Arquitectura y Urbanismo, Tau, y a la de Pablo Hegedus, Rodolfo Bravo y Ricardo Carvallo ingresaron a estudiar arquitectura entre 1945 y 1950, y fueron beneficiarios de la primera aplicación del nuevo plan de estudio, por lo que el éxito obtenido provendría de esa iniciativa,, explica Lawner.

"Al premiar estas viviendas estás dando un ejemplo, una señal de que las cosas ahora se están haciendo mal. Mira lo que pasó con la reconstrucción luego del terremoto de 2010: se construyeron viviendas de muy mala calidad, y en casi todos los conjuntos hay una unidad repetitiva que es una agresión al ser humano. A veces llega un tipo y no sabe cuál es su casa", agrega .

Lawner contrapone a ello la riqueza espacial de la Villa Olímpica o Villa Frei: "tienen bloques de cuatro pisos y juegan con el espacio urbano. Y ahora no hay nada de eso. Creo que hay una reacción un poco sorda, pero está claro que las cosas no pueden seguir así", remata Lawner.

Mirar con otros ojos

El reconocimiento de estos barrios como Zona Típica no conlleva hoy un incentivo económico, pero al ser declarados monumentos Nacionales se garantiza su permanencia, permitiendo remodelaciones y atraer más recursos, a partir de fondos especiales que van en beneficio de toda la comunidad.

Becerra cree que esta declaratoria contribuirá a consolidar el barrio. "Se protege de que en el futuro permanezca el terreno tal cual como está y no se convierta en ese tipo de edificios de 20 pisos con el ciento por ciento de ocupación de suelo. Se abren, además, otras ventanillas desde el punto de vista cultural, de protección del patrimonio y de inversión en los espacios públicos", explica.

Pero hay también un último beneficio vinculado al patrimonio intangible. La distinción, advierte Ana Paz Cárdenas, puede ser una forma efectiva de que la gente se interese y se acerque a este patrimonio moderno. "Hay que empezar a mirar con otros ojos, decirle a las personas: 'Miren, tenemos un patrimonio importante que cuidar y no lo habíamos visto'. Que la gente no solo se detenga a mirar los edificios, sino que se dé cuenta de lo que provoca esta arquitectura".

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